miércoles, 12 de diciembre de 2007

lunes, 10 de diciembre de 2007

LO QUE HAY QUE AGUANTAR IV

Preguntas que responden
Por Eduardo Aliverti
¿Qué cambia a partir de hoy? ¿Una estructura de pensamiento y/o de ejecución? ¿Simplemente un estilo? ¿O no cambia nada? Esas preguntas encierran en sí mismas una respuesta general, porque no hay el interrogante de si acaso algo podría cambiar radical o considerablemente. Los Kirchner son una sociedad político-conyugal, en ese orden o en el inverso; y en los veinte años que pueden tomarse como ejercicio de poder...los trascendidos sobre la cantidad de veces que volaron platos y otras yerbas jamás estuvieron a la altura del férreo cumplimiento de objetivos que se trazaron. Las internas entre ambos, públicamente e inclusive en los pasillos de palacio, jamás pasaron de lealtades y preferencias personales de él que no le gustan a ella y viceversa. Y en definitiva, eso es lo primero que cuenta a la hora de otear cuánto de cambio puede haber. Comparten la idea de un capitalismo anclado en grandes corporaciones, un Estado activo en las obras públicas, apropiación de renta por vía del agro, concentración de las decisiones en un estrecho círculo endogámico, pragmatismo casi a ultranza aunque haya que taparse la nariz y cooptación o inclusión de sectores de izquierda para amortiguar el conflicto social. No hay nada claramente previsible, en el horizonte local e internacional, que suponga peligro serio para esa estrategia de acumulación. La presidencia del ámbito doméstico –al margen de los méritos que puede mostrar el kirchnerismo– está compartida por una ausencia de oposición prácticamente absoluta, que hasta más ver pende del hilo de cómo gobierne Macri a Buenos Aires y de cómo la eventualidad de una buena gestión puede ser capaz de transformarse en armado nacional con probabilidades de éxito...Esta placidez casera se condice con un escenario globalizado que requiere lo que Argentina puede satisfacer: alimentos y materias primas, en condiciones de nutrir a un conglomerado que encabezan centenares de millones de chinos e indios incorporados, y por incorporarse, a su morosa revolución industrial. Por más esfuerzo que se haga, la vista no detecta, ni a corto ni a mediano plazo, aspectos que no sean la profundización de esa demanda. A la par, claro, de cuestionar la pornografía de que en ese contexto este país siga mostrando números de pobreza e indigencia que abarcan a alrededor de un tercio de su población. Este dato, por sobre cualquier otro, junto con la persistente incertidumbre de lo que arrojará el brete en la provisión de energía y la ausencia de signos contundentes respecto de políticas de desarrollo de largo aliento, es el debe principal con que asume Cristina Fernández o con que renueva su mandato el matrimonio (no tiene mayor destino, sin ir más lejos, un país donde el rol de la universidad no figura en la agenda de nadie). Las cosas están mejor, o por lo menos no están peor que hace cuatro años. El índice de conformismo popular con que se “retira” Néstor Kirchner es irrefutable, fuere que a la palabra se le dé connotación de agrado o de mal menor. Y si se retira para irse a cafés literarios, o para preparar una estructura político-institucional a la española, es un entretenimiento de segundo orden. Pero es también irrebatible que los espectaculares guarismos de la economía...chocan con la subsistencia de desequilibrios sociales espantosos. La distribución de la riqueza durante el kirchnerismo, precisamente por esos números estructurales rimbombantes y por el discurso centroizquierdista de sus referentes, es, en proporción, igual o peor que en los tiempos de la rata. Hay más o menos quince millones de argentinos, por ser módicos, que tienen el perfecto derecho de preguntarse con qué se comen más de 40 mil millones de dólares abroquelados en el Banco Central...Pasa debate, pasa nuevas fuerzas políticas y sociales, pasa crisis severa del paradigma neoliberal, pasa Bolivia, pasa Ecuador, pasa un poquito de Brasil y otro poquito de México y hasta pasa la propia Argentina. Y ni dudar de que sigue pasando Venezuela, por mucho que se dramatice la derrota que sufrió Chávez. Para hoy, entonces, es fácil concluir que se va y entra gente que sabe mandar. Lo que no se sabe es para qué se usará ese atributo en los próximos cuatro años: si para corregir los desequilibrios o para congelar la fotografía...

LO QUE HAY QUE AGUANTAR III

Será presidenta sin necesidad de segunda vuelta. Por primera vez, Argentina tendrá una mujer en la jefatura del Estado por decisión popular. Será histórico también que la esposa de un presidente le 'suceda' a través de las urnas —no existe tal precedente en ningún otro país—. Pero muy poco se parece Cristina Elisabet Fernández de Kirchner a las contadas mandatarias que hoy ocupan en el mundo un puesto copado por hombres. La 'primera ciudadana' de Argentina llega a la Presidencia de la mano de su marido. Con ella, Néstor Kirchner logra, indirectamente, la reelección. Mujer de fuerte personalidad y temperamento —dicen que padece un leve trastorno bipolar—, la candidata oficialista se presenta simplemente como Cristina. Ni Elisabet, ni Fernández, ni de Kirchner. Cristina no es de nadie. Es una reina, sentencia el título (‘Reina Cristina’) de la biografía autorizada que firma Olga Wornat. Y respecto a las continuas comparaciones con Evita, la primera dama no se atreve a ‘renegar’, pero sí marca las distancias —«Evita es inigualable», insiste—, porque cuando se mira al espejo, se repite constantemente que Hillary Clinton, otra esposa de (ex) presidente lanzada a la carrera presidencial, es su modelo a seguir.Lo cierto es que Cristina y Evita no se parecen en nada. Madre de dos hijos (Máximo, de 30, y Florencia, de 18), la senadora por Buenos Aires es una mujer obsesionada con su imagen, las compras y la ropa de marca (ironías de la vida, sus iniciales son cK), que abusa del maquillaje y elige cuidadosamente cada mañana el traje, los complementos y joyas que va a lucir. Sus rivales han encontrado en ello mucha metralla contra esta mujer de 54 años, moderna y coqueta que cuida extremadamente la estética y rinde culto a su cuerpo a base de dieta, aeróbic, cinta y Pilates. Por cuestión de imagen, hasta dejó de fumar.
Esa faceta frívola deja muy atrás los tiempos de militancia peronista en la Universidad de La Plata, donde conoció a su marido. La sombra de Néstor —quien la considera su «discípula»— ha logrado eclipsar sus logros más importantes, como su triunfo (46% de los votos) en el 'duelo de esposas' que mantuvo en 2005 con 'Chiche' Duhalde en Buenos Aires.

LO QUE HAY QUE AGUANTAR II

Serios disturbios se registraron a las puertas de la Casa Rosada, sede del Ejecutivo argentino, mientras Cristina Fernández daba su primer discurso a la Asamblea Legislativa tras asumir la presidencia del país suramericano.Manifestantes de diferentes facciones del oficialista Partido Justicialista (PJ, peronista) se trenzaron a golpes con palos de estandartes de banderas, sin que la fuerte presencia policial en el lugar tomara parte para frenar los disturbios.Según se pudo comprobar, la riña se inició entre integrantes de un grupo peronista de la norteña provincia de Tucumán y otro de la localidad bonaerense de Malvinas Argentinas, quienes se disputaban una ubicación cercana a la Casa Rosada.Los incidentes se registraron en la Plaza de Mayo, a las puertas de la Casa de Gobierno, adonde la flamante presidenta se dirigirá una vez que concluya su discurso de asunción en el Parlamento argentino, a unos mil metros de la sede del Ejecutivo.En la Casa de Gobierno, Fernández tiene previsto tomar juramento a su gabinete de ministros, al tiempo que en horas de la tarde la Plaza de Mayo será escenario de un festival musical denominado la "Fiesta de la Democracia".

LO QUE HAY QUE AGUANTAR


Al igual que en los actos de lanzamiento y de cierre de su campaña, Cristina Fernández de Kirchner volvió a elegir hoy las tonalidades claras para su vestimenta en la jornada de asunción presidencial. Fiel a su extremo cuidado de imagen, lució un vestido blanco con un tapado de encaje a tono por debajo de la rodilla y mangas tres cuartos, que combinó con zapatos de taco alto y el cabello suelto sobre los hombros. Consiguió así resaltar los colores de la banda presidencial, especialmente diseñada para ella en terciopelo y con algunos toques femeninos como el bordado de hilo de oro de imágenes en miniatura de la Libertad y de la República. Respecto a la apariencia de su cabello, pese a que anoche, la presidente electa lució un peinado recogido durante la ceremonia protocolar de saludo a jefes de Estado y dignatarios internacionales, en esta ocasión, optó de nuevo por el pelo suelto. De todas maneras, lejos del perfil desaliñado de su marido, Cristina llega a la presidencia con un marcado look propio: amante de la ropa y la moda, nunca repite un modelo, al menos en público, y admite que "siempre" se "arregló y pintó como una puerta".